Monday, May 28, 2012

Mexico Naciente (Spanish edition)


Los Dioses Están Vivos y Observando Desde la Colina

by Elizabeth Usha Harding
(Traducido por Patricia Merino Glancy)

Es difícil quedarse callado cuando las noticias que oímos de México son tan consistentemente deprimentes. Este bello país se encuentra dividido por carteles de drogas peleándose a muerte, lo que esparce miedo y caos. Nuestros hermanos mexicanos están matando a sus propios hermanos y hermanas mexicanas. En la pura Ciudad Juárez, 36,000 personas han sido asesinadas desde el 2006. ¿Quién va a poner alto a esta violencia?

Por muchos años he querido escribir un artículo referente a Nuestra Señora de Guadalupe y la Ciudad de México, pero por una razón u otra dejé a un lado el proyecto. Había estado ocupada escribiendo acerca de los dioses Hindú y las peregrinaciones a la India. Durante las expediciones que me llevaron a toda la India, me di cuenta que la India antigua y el México antiguo tienen mucho en común.
Ambos países fueron el hogar de civilizaciones sofisticadas y emplearon medidas precisas de tiempo y de espacio físico. Vivieron cerca de la naturaleza e hicieron ofrendas rituales para aplacar y complacer a sus dioses. Los ancestros de la India y de México fueron matemáticos y astrónomos de primera, que construyeron templos de acuerdo a dimensiones sagradas que, en algunas ocasiones, son idénticas. Sus monumentos y templos gigantes todavía están en pie como testimonio del pasado glorioso.

Ambos países fueron conquistados por invasores que saquearon sus recursos naturales y, como resultado, a ambos países en la actualidad se les refiere como países en desarrollo, naciones pobres.

Sin embargo, hay una diferencia dolorosa. En la India, las tradiciones antiguas evolucionaron con el tiempo pero se mantienen y en la actualidad, los dioses Hindú todavía se les adora en una sucesión interrumpida. La planta nunca perdió sus raíces. Cada vez que India fue conquistada por un nuevo dictador, los Hindús en alguna forma se las ingeniaron para asimilar al dios del conquistador a su panteón existente. En México, por otro lado, las tradiciones antiguas en gran parte se quedaron en el pasado y, en la actualidad, los dioses de sus antepasados están relegados a museos.
En mi primer viaje a la Ciudad de México, desperté temprano en la mañana por una voz que oí hablarme dentro de mi mente. Aunque esto es poco usual, en el momento no lo pareció. La voz era en inglés como de reportero y, recostada en mi cama matrimonial debajo de sábanas blancas, frescas, escuché en mi mente un documental de los tiempos históricos y modernos yéndose en declive. Pude haber apagado esa voz, diciéndome a mí misma que no me dejara llevar por ideas locas como oír voces dentro de mi cabeza, pero no lo hice, porque las cosas que la voz me estaba diciendo eran lógicas.

Yo había venido a la Ciudad de México principalmente para visitar a Nuestra Señora de Guadalupe y tenía la intención de ir derecho a la Basílica. Quizás la voz en mi mente estaba en mi destino para que me decidiera a no ir. Por circunstancias acabé yendo primero al Museo Nacional de Antropología, en el cual se da alojamiento a los tesoros recuperados de las civilizaciones Olmecas, Aztecas y Mayas. Algunos de los dioses más poderosos de México viven ahí y, tristemente, se les hace referencia a ellos como de históricos.

El primer dios que encontré fue Tláloc, el dios Azteca del agua y de la lluvia, quien está parado como estatua gigante sobre una fuente cerca del museo de la entrada. Había oído una historia en que, a la honra de su nombre, Tláloc produjo una tormenta de lluvia fuera de temporada cayendo sobre la Ciudad de México cuando su estatua fue excavada y traída a su ubicación actual.

Viendo para arriba esta estatua masiva, me froté la cabeza para quitarme un dolor de cabeza punzante ocasionado probablemente por no estar acostumbrada a la elevada altitud de la ciudad. Unos pájaros ahí junto estaban metiendo contentos sus cabezas en el agua verde de la fuente y salpicándola alrededor como invitándome a hacer lo mismo. En ese momento me acordé de un sacerdote cristiano de Estados Unidos que me dijo que Tláloc es otra forma del dios de la India, Indra, y que su agua tiene poderes curativos. Me salpiqué con agua de la fuente mi cabeza y cuello e inmediatamente me refrescó. En un rato se me quitó el dolor de cabeza.
Había estado bajo la impresión de que todo México era pobre y estaba atrasado. Aunque existe la pobreza, la Ciudad de México desde luego no está atrasada. Vi una hermosa ciudad con árboles exuberantes enfilando las anchas avenidas y personas con distinción caminando a lo largo de las banquetas pasando cafeterías y tiendas elegantes.

El Museo Nacional de Antropología es uno de los museos más finos que he visto – mejor que los museos de Viena, ciudad que es famosa por preservar el arte y los tesoros históricos. Al entrar, uno entra a un patio que está rodeado por salas de exhibición que muestran los artefactos Mayas, Olmecas y Aztecas. Pasé por una fuente interesante con forma de sombrilla enorme de la que sale agua y cae como cascada al suelo.
Afuera de la espaciosa sala con la exhibición Azteca, hay un modelo de Teotihuacán, una ciudad antigua que contiene algunas de las pirámides más grandes construidas en las Américas pre-colombinas. Los habitantes deben de haber mantenido a su Dios en el centro de sus vidas y actividades, para construir su ciudad alrededor de pirámides y templos.

Al ir caminando sobre el piso de mármol bellamente incrustado de la sala de exhibición Azteca, me pregunté qué harían los visitantes si todos estos dioses y diosas vinieran a la vida. Pasé por un grupo de turistas amontonados frente al artefacto que quizás sea el más famoso del museo – la Piedra del Sol Azteca redonda, un calendario que consiste en un ciclo calendario solar agrícola de 365 días, y un ciclo ritual sagrado de 260 días. Hoy, las personas se ponen camisetas con el diseño del precioso calendario Azteca, pero es raro que sepan su significado.

Coatlicue, Madre de Dioses

Pasando a través de artefactos históricos, vi una estatua gigante monolítica en el otro lado de la sala me llamó la atención. Me paré con respeto y temor cuando llegué a la figura colosal de Coatlicue, madre de los dioses Aztecas y cuerpos celestiales. Es una representación poderosa de la Madre Tierra, quien da vida y, cuando llega la hora, se la lleva de regreso a sí misma. Está decorada con esqueletos, tiene puesta un collar de corazones humanos y una falda de serpientes retorciéndose. En el idioma nativo Náhuatl, “Coatlicue” significa “la de la falda de serpientes.”
La apariencia de Coatlicue podría describirse como de terror, pero, para mí, se me hizo familiar porque por tantos años he estado venerando a la diosa Hindú Kali. Mi Madre Divina Kali es el poder del tiempo que devora todo. Ella crea y ella destruye. Con temor de encontrar a mi Madre Divina en la Ciudad de México, me arrodillé sobre el piso de mármol del museo ante Coatlicue.

Justo entonces, oí una voz retumbante detrás de mí exclamando, “¡Gracias, gracias!” De repente, un señor uniformado en silla de ruedas se detuvo a mi lado. “Me da gusto que le demuestre su respeto a nuestra diosa,” dijo Ángel Rodríguez, un guía de la oficina de turistas.

Continuó explicando que Coatlicue representa el poder creativo de la madre Tierra, como los tres planos del universo: el cielo, la tierra y el mundo subterráneo. Del cuello para arriba, representa el cielo. En lugar de cabeza, Coatlicue tiene dos serpientes surgiendo que simbolizan la naturaleza dual de la vida y su función como creadora/destructora.

De acuerdo con Ángel, los Aztecas creen que todas las cosas se originan de dualidad, de la femenina y la masculina. Los Aztecas también tenían un dios de dualidad cuyo nombre es Ometecutli, que significa en el idioma Náhuatl “dos en uno y uno en dos.”
Para los Hindús, el principio Shiva/Shakti (masculino/femenino) es de primordial importancia. La diosa Kali simboliza dualidad a través de sus cuatro brazos. Sus manos derechas prometen intrepidez y dan bendiciónes, mientras que sus manos izquierdas sostienen una espada sangrienta y una cabeza decapitada de demonio. Uno podría llamar a sus brazos derechos buenos y a los izquierdos malos, pero en realidad está más allá del bien y el mal, al igual que el sol no puede llamarse bueno o malo. Los rayos de sol nos dan vida, pero también pueden quemarnos.

En su color, Kali es negra-azulosa profunda, y está parada sobre el cuerpo postrado de su consunto Shiva, de complexión blanca pura. Es la manifestación visible de su poder. Sin ella, Shiva no puede manifestarse, y sin él, Kali no puede existir. Shiva y Shakti están eternamente unidos.
Ángel se estuvo moviendo con bastante agilidad, considerando estar en silla de ruedas. Pude darme una idea de su devoción apasionada por esta diosa madre ancestral observándolo y escuchándolo al ir él señalando las distintas partes de esta majestuosa diosa Azteca.

“De su cuello a su falda de serpientes, Coatlicue manifiesta la Tierra,” dijo Ángel. “Vemos sus brazos convertirse en serpientes. La serpiente en el México antiguo representa el poder reproductivo de la Madre Tierra. Sobre el cuello, tiene un collar de manos y corazones.

El corazón, de acuerdo a los Aztecas, es el centro del hombre, de la religión y del amor. Es el pulso latiente de la vida. Sacrificar al corazón significaba la liberación de la sangre de vida, dejando que la semilla de vida germine. Las manos de Coatlicue representan dar vida.

Su estómago es símbolo de la muerte, por lo tanto la representación de un cráneo grande. “Cuando nos morimos, todos regresamos al vientre de la Madre Tierra,” dijo Ángel.

En iconografía Hindú, los cráneos también están presentes en los dioses y diosas más temibles. Ma Kali lleva un collar de 50 cráneos representando las cincuenta letras del alfabeto, que son la forma escrita del sonido del que, los Hindúes creen, evolucionó toda la creación. Una vez un amigo señaló que los cráneos alrededor del cuello de Ma Kali parecen estar sonriendo. Los cráneos también simbolizan nuestros egos. Cuando corta nuestros egos toda tensión se va. Ma Kali tiene puesta una falda de brazos mutilados que representan nuestras acciones. Mientras que tenemos derecho a trabajar, el resultado de nuestro trabajo le pertenece a ella.

La parte media del cuerpo de Coatlicue de la falda a los pies representa el mundo subterráneo. Sus pies son garras de águila que pueden escarbar dentro de la tierra y ayudar en la agricultura. Debajo de la falda de serpiente, fuera del útero maternal, viene una serpiente dando a luz al dios del sol llamado Huitzilopochtli.
De acuerdo a la leyenda, Coatlicue estaba barriendo arriba de Coatepec, una montaña de serpientes, cuando encontró un paquete de plumas. Escondió las plumas debajo de su falda y un poco después se dio cuenta que estaba embarazada habiendo engendrado a Huitzilopochtli. Su hija, la luna, y sus hijos, las 400 estrellas del sur, se pusieron celosos y la decapitaron. Pero no se murió porque Huitzilopochtli la protegió. Nacido en un parto mágico como un hombre maduro, Huuitzilopochtli en su modalidad de guerrero, decapitó a Coyolxauhqui, la luna, y le cortó los brazos y las piernas – de ahí que la luna es redonda.

“El sol se apodera de la luna con el propósito de dar vida a la Madre Tierra,” dice Ángel. “La luz sobrepasa la obscuridad.”
Ángel me llevó detrás de la estatua de Coatlicue y me señaló una piedra inclinada contra el pedestal sobre el que la diosa está parada. Esta piedra, que rodea las plantas de los pies de Coatlicue, describe un cuarto plano universal – siendo los otros tres el cielo, la tierra y el mundo subterráneo. Describe la unión de Tláloc, el dios del agua y de la lluvia, y Tlaltecutli, una serpiente de mar que es una personificación del furor del caos antes de la creación. En medio de ellos, un escudo redondo con un cuadrado adentro representa la Tierra con sus cuatro puntos cardinales del norte, sur, este y oeste. La Tierra, representada también por Tlali, Chimalma y Tonantzin, se muestra dentro como un círculo.

“Mucho antes que los Europeos, la gente ancestral de México ya tenía el conocimiento de que la Tierra es redonda,” dijo Ángel.

Le pregunté, “¿Y qué pasó? ¿Por qué la gente de México ya no venera a Coatlicue?”

“Hemos pasado por una transición de la época pre-Hispánica a la era moderna,” dijo Ángel. “Después de Coatlicue, la mamá de los dioses Aztecas, vino Chimalma, la Tierra circular, luego Tonantzin, mamá de dioses y humanos y luego la Virgen de Guadalupe.”

Yo me puse a tomar fotografías de Coatlicue. En el museo son amables y permiten tomar fotografías siempre y cuando no se use el flash. Cuando me volteé a ver a Ángel, ya no estaba. Se fue tan de repente que me hizo dudar mentalmente si había sido real o no. ¿Habrá sido una forma física de la voz que oí en la mañana? Se había aparecido de repente, nada más me explicó cosas, y se fue.

Me hubiera gustado preguntarle más acerca de la diosa Tonantzin, quien era venerada en el cerro del Tepeyac, donde Nuestra Señora de Guadalupe hizo su primera aparición.

Teotihuacán, Lugar de Nacimiento de los Dioses
Aunque tenía las mejores intenciones de ir directo a la Basílica de Nuestra Señora, el destino tenía otros planes para mí. Acabé yendo fuera de la Ciudad de México a Teotihuacán, un enorme sitio arqueológico, con una altísima pirámide del sol y una enorme pirámide de la luna, unidos por la ancha Avenida de los Muertos.
Algunos eruditos calculan que esta ciudad debió de haber sido establecida alrededor del año 100 antes de Cristo, y que para el siglo cuarto, cerca de 200,000 personas vivían ahí. La ciudad abarca casi ocho millas cuadradas y era más grande y más avanzada que cualquier ciudad europea de esa época.

Hasta la fecha, Teotihuacán está envuelto en un misterio, y nadie sabe quién fundó esta ciudad – ya sea las Totonacas, o la gente Otomí, Zapoteca, Mixteca, Maya o Nahua. Los arqueólogos también encontraron influencia de los Olmecas y Toltecas. Durante la época de los Aztecas, Teotihuacán era un lugar de peregrinaciones, el lugar donde el sol nacía.
La Pirámide del Sol es gigante – 738 pies en la base de cada lado y 207 pies de altura. Cuando uno ve para arriba, la gente en la cima se ve chiquita, parecen hormigas. Decidí subir la pirámide por los empinados antiguos escalones hasta arriba. Me costó trabajo, y me tuve que ir agarrando a veces del cordón amarrado perpendicular a los escalones, pero definitivamente valió la pena. La vista desde la cima es maravillosa, y sentí que estaba sentada en un torbellino espiritual que podría llevarme en cualquier momento hasta el vasto universo.

Desafortunadamente, la porción más alta de la pirámide está destruida. Ahora solo nos podemos imaginar cómo se vería un templo en la punta de la pirámide del sol – columnas con pinturas de colores vivos en las paredes, sacerdotes con penachos decorados subiendo y bajando los escalones con ofrendas a los dioses.
Cuando uno oye acerca de los ritos de los Aztecas, se oye de los sacrificios de sangre humana. Los Aztecas no fueron los únicos que llevaron a cabo sacrificios sangrientos en el mundo antiguo. La Biblia también hace mención de sacrificios sangrientos, y hay reportes de casos aislados de sacrificio humano en la India del pasado. En la actualidad, algunos templos en la India todavía practican el sacrificio animal, ofreciendo chivos o borregos a los dioses, pero no es común. La mayoría de la gente en la India moderna prefiere adorar a la diosa con ofrendas de flores rojas de hibisco o rosas rojas en lugar de sangre.

La historia habla de los Aztecas como gente bárbara y sedienta de sangre porque practicaban el sacrificio humano para adorar a sus dioses. No se sabe mucho acerca de sus rituales aparte de que arrancaban el corazón de humanos y llenaban sus tinas de piedra con sangre. Seguramente, ha de haber habido muchos otros aspectos de los rituales Aztecas.
Si pudiera regresarme en el tiempo y ver las cosas a través de los ojos de los Aztecas, probablemente podría referirme a los Europeos de esa época como sedientos de sangre y bárbaros. Los Aztecas mataban gente para ofrecer el regalo más preciado, o sea la vida humana, para aplacar y complacer a sus dioses. Los Europeos, por otro lado, mataban Aztecas por tener poder y ganancia material.

Cuando la diosa antigua de la Divina madre no pudo seguir viendo a sus hijos indígenas sacrificados, intervino.

Nuestra Señora de Guadalupe, Salvadora de los Indígenas
Me fui de la tierra santa de Teotihuacán y finalmente me dirigí a la Basílica de nuestra Señora de Guadalupe, la Reina de México y la Emperatriz de las Américas. Llegué en peregrinación donde se ofrece homenaje a su retrato fiel del manto milagroso, que se muestra colgado en su templo. En verdad, la aparición de Nuestra señora de Guadalupe diez años después de la caída de la Ciudad de México fue milagrosa.
La leyenda dice que San Juan Diego, un niño nativo Indio de Cuautitlán, iba caminando en una mañana fría de Diciembre pasando por el Cerro del Tepeyac. Vio una hermosa señora parada en la cima del cerro. Hablándole en Náhuatl, la santa Señora le reveló a Juan Diego que ella era la Divina madre de Dios. Le pidió que fuera a ver al obispo de la ciudad y le dijera que construyera un templo dedicado a ella en ese cerro. Juan Diego siguió su orden y, aunque logró ganarse al Arzobispo Español, el obispo no creyó su historia.

De regreso, Juan Diego pasó por el cerro del Tepeyac y otra vez vio a la santa Señora parada ahí. Ella le dijo que regresara al siguiente día y le dijera al obispo que construyera un templo dedicado a ella en ese cerro. La segunda vez, Juan Diego se presentó ante el obispo, y de nuevo se topó con su incredulidad. Tenía pavor de irse a su casa pasando por el cerro del Tepeyac.
Cuando la Divina Señora se le volvió a aparecer, Juan Diego le suplicó amargamente que no le pidiera que fuera a ver al obispo otra vez. Le confesó que era imposible convencer al obispo. La Señora sonrió y le ordenó a Juan Diego que subiera el cerro del Tepeyac y juntara ahí rosas de Castilla en flor y se las llevara al obispo como prueba. Con gran asombro, Juan Diego encontró rosas floreciendo fuera de temporada en la cima del cerro.
Juan Diego regresó al obispo y, tal como le instruyó la divina Señora, se abrió su poncho para entregar las rosas de Castilla. Para asombro de todos, una impresión de la sagrada Señora del Tepeyac se había quedado marcada en la tela áspera de fibra de cactus del poncho de Juan Diego. Esto fue suficiente prueba para el obispo, quien se arrodilló ante él. La sagrada Señora, que le habló a Juan Diego en Náhuatl, nombrándose a sí misma “Coatlaxopeuh” (o Coatlicue?), fue vuelta a nombrarse por el obispo como “Nuestra Señora de Guadalupe”, por un pueblo Español que tenía un nombre parecido en sonido.

Se construyó una capilla dedicada a la Virgen en el cerro del Tepeyac sobre las ruinas de un templo dedicado a la diosa Tonantzin, madre de los Aztecas. La imagen milagrosa de Nuestra Señora de Guadalupe sobre el manto conmovió tanto a los conquistadores como a los conquistados. Los Españoles vieron en ella la imagen de la Sagrada María, pero los Indígenas en México vieron en ella la imagen de piel morena de Tonantzin y, por lo tanto, se dejaron de resistir a ser convertidos a la fe cristiana. Esto salvó las vidas de tanta gente local que antes se había resistido.
El color y la forma de este manto divino no se han desvanecido desde los años 1500. Me detuve frente a la Madre Divina para venerarla, agradecida con las autoridades de la iglesia por permitir que la gente vea este manto desde tan cerca.

Me senté en las bancas de la iglesia, internalizando el ambiente sagrado. La basílica es tan amplia que tiene cupo para miles de peregrinos que pasan sin interrupción a diario. Mientras que la arquitectura de la Basílica me recordó a las iglesias católicas de Europa, la gente con su intensidad apasionada de devoción me remontó a los templos de la India.

Al estar viendo a un sacerdote dar misa con la ayuda de dos acólitos, una procesión de Indios nativos pasó lentamente por el ancho altar con sus múltiples escalones. Un hombre mayor iba al frente de la procesión. Me fascinó ver el amor con el que iba cargando una estatua de madera pintada de colores brillantes de Nuestra Señora. Observando su expresión, no dudé que su diosa que iba cargando era para él más querida que la sangre de su vida. Vi a una mujer de rodillas avanzando lentamente a través de la multitud de rodillas hacia Nuestra Señora. Lágrimas de llanto rodando sobre sus mejillas cubrieron su rostro inocente al fijar su mirada en los ojos de la Reina de su corazón. En tal intimidad con Dios no existe el tiempo. La religión antigua de México se encuentra justo ahí – sólo enmascarada por un semblante cristiano.

Una Cuna Meciéndose con Mentiras
Cuando regresé a mi cuarto en el hotel, me acordé de la voz de la mañana con el comentario persistente de cómo la influencia occidental en México en los últimos 500 o más años ha /represado el flujo natural de la sabiduría antigua. En los tiempos de antes, la gente de México vivía en un mundo sagrado, mágico de espiritualidad, pero fueron forzados a encajar en el sistema de valores materialistas occidentales.
Los conquistadores de México, con el fin de justificar el colonialismo, /acudieron a rumores y enmascararon la verdad con distorsiones astutas. Si se dice una mentira con autoridad por suficiente tiempo y lo suficientemente seguido, arrulla a la gente hasta que la acaban por aceptar como norma. No les es difícil a los líderes sin compasión hacer que cantidades masivas de gente buena piensen con estereotipos negativos y se mine la confianza de una nación entera.
En una sociedad materialista, el éxito de la gente se mide por la riqueza que la persona o el país ha acumulado. El valor se coloca en la educación que lleve a tener un puesto bien pagado en una comunidad comercial, competitiva en lugar de en el conocimiento que lleva a la sabiduría. Me acuerdo haber aprendido en mi escuela acerca de la Era de La Ilustración y la Revolución Industrial, y que el progreso material significó que las cosas se volverían mejores y mejores. En otras palabras, nuestra civilización actual debiera ser la más avanzada de todas.
La primera vez que me pregunté acera de los atributos Occidentales fue cuando visité las cuevas de Ajanta en Maharashtra. Estas salas con pilares parecen capillas que he visto en Europa --excepto que estas cuevas fueron excavadas en roca sólida de granito alrededor del año 200 Antes de Cristo. No puedo pensar en nadie que se tomaría ahora el tiempo para echarse encima un trabajo tal. ¿Podría alguien descifrar cómo construir una ciudad como Machu Picchu hasta arriba de la cima de una montaña, usando grandes bloques de roca que embonan perfectamente uno arriba de otro sin usar cemento?

Viendo los eventos mundiales de la actualidad, el materialismo es una trayectoria de choque con la naturaleza. Nuestro conocimiento científico ha trastornado el ritmo de la naturaleza. ¿Quién puede todavía leer las señales de la naturaleza? ¿Quién puede componer nuestro dilema?
Una antigua historia de la India cuenta de una época cuando hasta los dioses estaban cansados de pelearse con demonios. En tiempos de problemas, es hora de que la Antigua Madre se ponga en pie y pelea por nosotros. Cuando los dioses hombre oyeron que el gran rey demonio Mahishasura se había declarado a sí mismo señor de los cielos y dictador del universo, se enojaron. Cada uno disparó para adelante con su frente una luz terrible. Sus rayos se juntaron en un punto, y lentamente, la concentración brillante de luz tomó forma de diosa madre. Los dioses le rezaron y la veneraron con alabanza, adornos y armas. “Madre Victoriosa,” le gritaron, cuando la diosa mató a los demonios y restauró la paz y la tranquilidad.

Esta historia de Chandi, la escritura Tántrika famosa de la India, tiene un significado profundo. Los demonios que hay que matar no están sólo fuera de nosotros, también residen dentro de nosotros con coraje, codicia y avaricia. Codicia por más poder y más riqueza es señal de pensamiento materialista. Nunca hay suficiente dinero, nunca suficiente poder para saciar el deseo humano.
La grandeza puede llegarse a olvidar por un tiempo, pero tarde o temprano, regresa. ¿Va México a ser capaz de revivir sus antiguas tradiciones y hacerlas relevantes para el presente y el futuro?

Han pasado muchos años desde que visité la Ciudad de México, pero claramente me acuerdo de la voz que me enseñaba al estilo de los tiempos de antes – en la situación, no a través de libros. Aprendí sobre la experiencia y estoy agradecida de que me introdujeron a Nuestra Señora de Guadalupe a través d la antigua madre Coatlicue. Humildemente le coloqué rojas rosas a sus pies.

Los dioses están esperando veneración. Hay lugar para todos los dioses y diosas. En la India hay tantos templos dedicados a las diferentes manifestaciones de la misma diosa madre. Hay iglesias una junto a otra con templos de la India y mausoleos Musulmanes. Sri Ramakrishna Paramahamsa solía decir: “A Dios puede encontrársele a través de todos los caminos. Todas las religiones son verdaderas. Los devotos invocan sólo a Dios, pero a través de diferentes nombres. Le llaman una sola Persona. Dios es uno, pero Sus nombres son muchos.”

La Divina Madre Coatlicue está lista para salirse del museo, lista para nutrir y proteger a sus niños viviendo en la sagrada tierra de México.


En memoria bendita de Ángel Rodríguez


Traducido por Patricia Merino Glancy (paty.mexico@gmail.com)

3 comments:

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